La importancia de educar a los hijos en la fe en Dios

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Más pronto de lo que nos imaginamos los hijos empezarán a hacernos “preguntas trascendentales” sobre el origen y sentido su vida, por lo que es importante prepararnos para darles respuestas sólidas y con fundamento. ¿Es importante educar a los hijos en la fe en Dios?

La Dra. Meg Meeker, autora del bestseller “Padres fuertes, hijas felices”, en uno de sus numerosos artículos señala estar convencida que enseñar a los hijos a creer en Dios es uno de los más grandes regalos que les podemos hacer en la vida. La crianza de los hijos debe empezar con una base en la fe y el amor a Dios, es lo primero y más importantes antes de que todo lo demás pueda encajar. 

Hoy en día muchos padres son temerosos de enseñar o transmitir su fe, porque no desean “imponer” en los hijos sus creencias. Los medios de comunicación han hecho que las personas de fe parezcan cerradas y críticas, cayendo en el error de no querer enseñar a los hijos algo que no es popular o no está de moda. A pesar del clima cultural actual hacia la fe judeocristiana, la Dra. Meeker considera que si hay un momento en la vida en el que los niños necesitan aprender sobre Dios, el significado y la sabiduría de su palabra y lo que sostienen nuestras tradiciones de fe, es ahora. 

Hasta aquí podemos concluir que, cuando se trata de enseñar a los hijos sobre Dios y la fe no hay lugar para los escrúpulos. Hay mucho en juego, pues es la vida y el bienestar de cada uno de los hijos de lo que estamos hablando y todo niño  o niña tiene derecho a conocer a Dios.

Aquellos niños que no tiene una comprensión bien fundada de por qué están en el mundo, que tienen un propósitos en la vida por descubrir y que son importantes y necesarios, son los más vulnerables a ser llevados por el mal camino hacia comportamientos autodestructivos. 

“Cada niño o niña, con su singularidad, ha nacido por una razón y con un propósito; cada niños o niña debe saber que no ha sido un “accidente”.

Cada uno existe para hacer y par ser alguien único. Cada uno está aquí para ser alguien que nadie más pueda ser. No necesariamente puedes enseñarle a un hijo lo que debería ser, pero puedes enseñarle quién debería ser. Más importante aún, enséñale que tiene un propósito en su vida, que tendrá un impacto en la vida de los demás. 

Llegar a esta comprensión es profundamente liberador para cualquier hijo, por que le permite ver su vida en un contexto más amplio. Aprende que sus acciones son importantes, además de comprender que, si nació para cumplir un propósito entonces Dios estará allí para ayudarlo a cumplir ese propósito. Esta idea es a la vez liberadora, emocionante y reconfortante para los hijos. 

“Padres, tengan presente que, son la presentación de Dios a sus hijos”

Esto es algo difícil de comprender y sobre todo tener en cuenta, pero es cierto. Un hijo mira a su madre y padres para ver cómo es Dios, al que no pueden ver, lo hace usando su imaginación mirando a sus padres para ver si Dios es amable, mezquino, de mal genio, divertido, triste o feliz. 

Esto es algo difícil de comprender y sobre todo tener en cuenta, pero es cierto. Un hijo mira a su madre y padres para ver cómo es Dios, al que no pueden ver, lo hace usando su imaginación mirando a sus padres para ver si Dios es amable, mezquino, de mal genio, divertido, triste o feliz.

¿Qué tipo de Dios estamos reflejando a los hijos?

También es común que algunos padres se sientan que no tienen la autoridad para transmitirles la fe a sus hijos, tal vez por que su porque su propia fe es débil o inestable. Quizás no vayan frecuentemente a misa o no han ido en años, tal vez ni siquiera sabrían por dónde comenzar a enseñarles a sus hijos acerca de Dios. Lo único que hay que saber y “sentir” es que los padres tienen la responsabilidad principal de enseñar y modelar la fe de los hijos los siete días y veintidós horas de la semana. 

“Realmente creo que la fe es la base de todo hogar fuerte y de toda estrategia parental sólida. Si comienza con una base fundada en el amor a Dios, le está dando a su hijo la posibilidad de que él mismo pueda seguir construyendo su vida sobre cimientos sólidos”.

Dr. Meg Meeker